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11 de marzo de 2026
Título: Viaje a la Alcarria
Autor: Camilo José Cela
Año: 1973
ISBN: 84-239-1141-1

Ya no recuerdo dónde compré este libro de segunda mano. Probablemente fue en la Plaza del Dos de Mayo, en el mismo sitio donde he comprado otros libros; como El Príncipe o 2001. Y alguno más que voy a empezar a leer ahora.

Solo tenía curiosidad por este libro de Cela; pero finalmente me ha gustado muchísimo más de lo que me esperaba.

Quizá por su cercanía a Madrid, La Alcarria nos puede parecer a los madrileños poco exótica o demasiado familiar. En mi caso, precisamente por mi familiaridad con los pueblos castellanos, la lectura evoca de una inusitada cantidad de recuerdos y sensaciones. De un tiempo y unas costumbres distintas, pero que no se me hacen tan tan antiguas (empezando por el concepto de orinal).

En el libro, en la página 42, está la frase "Bueno, ¡si usted se empeña!", que el propio Cela popularizó en la publicidad de la Guía Campsa en los años 90.

Del libro me quedo con frases tan poéticas y descriptivas como esta, en referencia a las obras de los pantanos de Entrepeñas y Guadiela/Buendía:

No más cruzar el Tajo aparecen unas casas recién construidas; son los almacenes y las viviendas de los ingenieros: tienen un aire triste y estadístico, un vulgar aire de fabricación en serie.

También me quedo con la extraña historia de las hermanas Elena y María, de la fonda del pueblo de Pareja, que Cela (el viajero) deja como caer; para que el lector imagine lo ocurrido, con mejor o peor intención:

... Nadie viene y la habitación está casi a oscuras. Sale al pasillo, da dos palmadas, se abre la puerta de la cocina que ilumina todo el rellano de la escalera, y se oye una voz que dice: ¡Va! Quien dio la voz fue Elena; quien acude es María.

  • ¿Llamaba usted?

  • Sí, hija. ¿Dónde está la luz?

  • Está ahí, pero espere usted; en ese cuarto no hay bombilla.

El viajero se calla y María también. María había dicho que aquel cuarto estaba sin bombilla, con una tristeza inmensa y hasta temblándole un poco la voz. El viajero sonríe. María se vuelve a la cocina. El viajero está indeciso unos momentos. Cuando llega a la cocina se encuentra a María, hecha un mar de lágrimas, sentada en una banqueta baja al lado del fuego. Elena, que está pelando una cebolla, mira al viajero con un mirar feroz, insospechado. Los ojos le brillan como si tuviera calentura y el seno le palpita con violencia.

  • ¿Qué ha dicho usted a mi hermana?

Su voz, antes bellamente opaca, suena ahora con un timbre metálico odioso.

  • Yo...

Elena le interrumpe, no le deja hablar.

  • Usted coge el morral y se va. ¡Como hay Dios! Me debe usted catorce pesetas.

Un libro para disfrutarlo.

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